Si Adán fue el primer Hombre, entonces fue —por momentos— el mejor y el peor en todo: el mejor arquitecto, el peor lingüista, el mejor teólogo y el peor teólogo. En la medida que el universo poblacional aumenta las virtudes y defectos se distribuyen. Y el «mejor y peor en algo» comienza a competir. Con Montaigne ocurre algo bello. Porque la Historia lo postula como el «Primer Ensayista», es decir, como el mejor ensayista de su tiempo. Los siglos pasaron. Y el tiempo —a mi juicio— no le ha podido arrebatar esa gloria.

