Nadie, sino yo, hablo conmigo y mi voz llega como la de un moribundo. Déjame tratarte sólo una hora, voz amada, el último hálito del recuerdo de toda felicidad humana; a través de ti engaño mi soledad y me adentro en la mentira de una multiplicidad y de un amor, pues mi corazón se resiste a creer que el amor haya muerto, no soporta el establecimiento de las más solas de las soledades y me obliga a hablar como si yo fuera dos.
Friedrich Nietzsche - "El libro del filósofo"

