10 dic 2022

Libros - Georges Perec

 «Una biblioteca que no se ordena se desordena: es el ejemplo que me dieron para explicarme qué era la entropía y varias veces lo he verificado experimentalmente.


El desorden de una biblioteca no es grave en sí mismo; está en la categoría del “¿en que cajón habré puesto los calcetines?”. Siempre creemos que sabremos por instinto donde pusimos tal o cual libro, y aunque no lo sepamos, nunca será difícil recorrer de prisa todos los estantes.
A esta apología del desorden simpático se opone la mezquina tentación de la burocracia individual: cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa y viceversa; entre estas dos tensiones, una que privilegia la espontaneidad, la sencillez anarquizante, y otra que exalta las virtudes de la tabula rasa, la frialdad eficaz del gran ordenamiento, siempre se termina por tratar de ordenar los libros; es una operación desafiante, deprimente, pero capaz de procurar sorpresas agradables, como la de encontrar un libro que habíamos olvidado a fuerza de no verlo más y que, dejando para mañana lo que no haremos hoy, devoramos al fin de bruces en la cama.
[...]
Ninguna de estas clasificaciones es satisfactoria en sí misma. En la práctica, toda biblioteca se ordena a partir de una combinación de estos modos de clasificación: su equilibrio, su resistencia al cambio, su caída en desuso, su permanencia, dan a toda biblioteca una personalidad única.
Conviene ante todo distinguir entre clasificaciones estables y clasificaciones provisorias; las clasificaciones estables son las que en principio continuaremos respetando; las clasificaciones provisorias no suelen durar más de varios días: el tiempo en que el libro encuentra, o reencuentra, su sitio definitivo. Se puede tratar de una obra recientemente adquirida o todavía no leída, o bien de una obra recientemente leída que no sabemos muy bien dónde poner y que alguna vez nos prometimos clasificar en ocasión de un próximo “gran ordenamiento”, o incluso de una obra cuya lectura hemos interrumpido y que no queremos clasificar antes de haberla retomado y concluido, o bien de un libro del cual nos hemos valido constantemente durante un periodo determinado, o bien de un libro que hemos sacado para buscar un dato o referencia y que aun no hemos regresado a su lugar, o bien de un libro que no querríamos poner en el lugar donde iría porque no nos pertenece y varias veces nos hemos prometido devolverlo, etcétera.
En lo que a mí concierne, casi las tres cuartas partes de mis libros jamás estuvieron realmente clasificados. Los que no están ordenados de un modo definitivamente provisorio lo están de un modo provisoriamente definitivo como en el OuLiPo (Nota: Ouvroir de Litterature Potentielle, el grupo creado por Raymond Queneau, el matemático François le Lionnais e integrado, entre otros, por Calvino, Perec, Benabou). Entre tanto, los traslado de un cuarto al otro, de un anaquel al otro, de una pila a la otra, y a veces paso tres horas buscando un libro, sin encontrarlo pero con la ocasional satisfacción de descubrir otros seis o siete que resultan igualmente útiles [...]».


En Notas breves sobre el arte y modo de ordenar libros,  «Pensar/Clasificar», Georges Perec.

Libros - Georges Perec

  «Una biblioteca que no se ordena se desordena: es el ejemplo que me dieron para explicarme qué era la entropía y varias veces lo he verificado experimentalmente.

El desorden de una biblioteca no es grave en sí mismo; está en la categoría del “¿en que cajón habré puesto los calcetines?”. Siempre creemos que sabremos por instinto donde pusimos tal o cual libro, y aunque no lo sepamos, nunca será difícil recorrer de prisa todos los estantes.
A esta apología del desorden simpático se opone la mezquina tentación de la burocracia individual: cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa y viceversa; entre estas dos tensiones, una que privilegia la espontaneidad, la sencillez anarquizante, y otra que exalta las virtudes de la tabula rasa, la frialdad eficaz del gran ordenamiento, siempre se termina por tratar de ordenar los libros; es una operación desafiante, deprimente, pero capaz de procurar sorpresas agradables, como la de encontrar un libro que habíamos olvidado a fuerza de no verlo más y que, dejando para mañana lo que no haremos hoy, devoramos al fin de bruces en la cama.
[...]
Ninguna de estas clasificaciones es satisfactoria en sí misma. En la práctica, toda biblioteca se ordena a partir de una combinación de estos modos de clasificación: su equilibrio, su resistencia al cambio, su caída en desuso, su permanencia, dan a toda biblioteca una personalidad única.
Conviene ante todo distinguir entre clasificaciones estables y clasificaciones provisorias; las clasificaciones estables son las que en principio continuaremos respetando; las clasificaciones provisorias no suelen durar más de varios días: el tiempo en que el libro encuentra, o reencuentra, su sitio definitivo. Se puede tratar de una obra recientemente adquirida o todavía no leída, o bien de una obra recientemente leída que no sabemos muy bien dónde poner y que alguna vez nos prometimos clasificar en ocasión de un próximo “gran ordenamiento”, o incluso de una obra cuya lectura hemos interrumpido y que no queremos clasificar antes de haberla retomado y concluido, o bien de un libro del cual nos hemos valido constantemente durante un periodo determinado, o bien de un libro que hemos sacado para buscar un dato o referencia y que aun no hemos regresado a su lugar, o bien de un libro que no querríamos poner en el lugar donde iría porque no nos pertenece y varias veces nos hemos prometido devolverlo, etcétera.
En lo que a mí concierne, casi las tres cuartas partes de mis libros jamás estuvieron realmente clasificados. Los que no están ordenados de un modo definitivamente provisorio lo están de un modo provisoriamente definitivo como en el OuLiPo (Nota: Ouvroir de Litterature Potentielle, el grupo creado por Raymond Queneau, el matemático François le Lionnais e integrado, entre otros, por Calvino, Perec, Benabou). Entre tanto, los traslado de un cuarto al otro, de un anaquel al otro, de una pila a la otra, y a veces paso tres horas buscando un libro, sin encontrarlo pero con la ocasional satisfacción de descubrir otros seis o siete que resultan igualmente útiles [...]».


En Notas breves sobre el arte y modo de ordenar libros,  «Pensar/Clasificar», Georges Perec.

 

7 dic 2022

Fragmento del Mapa de Piri Reis.

«– ‘Esa es otra cosa que hemos aprendido de vuestra Nación’, dijo Mein Herr, ‘el arte de hacer mapas. Pero lo hemos desarrollado mucho más que vosotros. ¿Cuál es para ti el mapa más grande que sería de verdad útil?’

– ‘Sobre seis pulgadas por milla.’

– ‘¡Solo seis pulgadas!’ exclamó Mein Herr. ‘Nosotros muy pronto superamos las seis yardas por milla. Entonces probamos con cien yardas por milla. ¡Y finalmente llegamos a la idea más fabulosa de todas! ¡Realizamos un mapa del país, con la escala de una milla por milla!’

– ‘¿Lo habéis utilizado mucho?’ pregunté.

– ‘Nunca ha sido desplegado todavía’ dijo Mein Herr, ‘los granjeros se opusieron. Ellos dijeron que cubriría completamente el país, ¡y no dejaría pasar la luz del Sol! Así que ahora utilizamos el propio país, como su propio mapa, y te aseguro que funciona casi tan bien.’»

Caroll Lewis, Fragmento de Silvia y Bruno.

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«En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas».

Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes
Libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658

Del Rigor en la Ciencia (Jorge Luis Borges)


*Imagen: Fragmento del Mapa de Piri Reis (1513 e.c.) del cartógrafo turco-otomano Ahmed Muhiddin Piri, conocido como El mapa inexplicable o imposible, hallado en el año 1929 en el sótano de el palacio turco Topkapi, que albergaba mapas antiguos.

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Hājjī Mehmet (Piri Reis) fue un almirante, marino y cartógrafo otomano nacido en Galípoli, Imperio otomano, Discípulo y sobrino de Kemal Reis (un corsario turco y almirante otomano), empezó a aprender a navegar a los doce años,  hablaba 5 idiomas.

Su mayor obra cartográfica fue el Kitab-i Bahriye "Libro de las Materias Marinas" un atlas náutico dedicado al sultán Solimán el Magnífico en 1526, y el mapamundi de 1513 pintado sobre una piel de gacela. El mapa inexplicable tiene varios detalles que lo hacen especial, además de la Atlántida no congelada, contiene la Cordillera de los Andes (descubierta supuestamente en 1533) y las Islas Maldivas (supuestamente descubiertas en 1592).



 

6 dic 2022

Primera elegía







Si gritara, ¿quién me oiría de entre los órdenes celestiales? E incluso suponiendo que alguno me apretara de repente junto a su corazón: su imponente presencia me haría desvanecer, pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible que aún somos capaces de soportar y si tanto lo admiramos es porque, en su calma, rehúsa destruirnos. Todo ángel es terrible. Y así me contengo yo pues, y sofoco el grito de ayuda que es mi oscuro sollozo. Ay, ¿a quién podemos recurrir entonces? No a los ángeles, no a los hombres, y los animales inteligentes notan ya que no nos sentimos confiados y en casa en el mundo de las palabras. Quizá nos quede junto a la ladera un árbol que contemplar cada día; nos queda el sendero de ayer y la fidelidad caprichosa de una costumbre que nos tomó aprecio y así permaneció y no se fue.


Reiner María Rilke - "Elegías del Dunio"

Yo, de Jorge Luis Borges

       La calavera, el corazón secreto, los caminos de sangre que no veo, los túneles del sueño, ese Proteo, las vísceras, la nuca, el esque...