Me pregunto si hablamos del kimono tal y como hablan los japoneses. Lo pienso porque kimono pobremente significa «prenda de vestir». Recuerdo haber leído sobre el Corán. Preciso: en ninguna de sus páginas aparece la palabra «camello». Tal vez los japoneses creen el kimono tiene el mismo valor que mirar la luna o respirar. Quizá los japoneses nos perciben igual de misteriosos y lejanos. En tal caso, el tenedor, por ejemplo, podría resultar para ellos una extravagancia occidental.
Leoncio.
---------
El encargo estuvo listo en el tiempo previsto. Camuflado en un envoltorio de paja, salió a la madrugada de la costa de la China imperial hacia Japón en una embarcación pesquera. Entre agricultores y artesanos chinos vestidos de harapos, la encomienda iba resguardada por un único guarda de la corte real de Japón infiltrado con soborno. A mitad del trayecto, la embarcación sufrió el ataque de un par de forajidos, que desde una pequeña nave, tomaron por sorpresa al tripulante, aniquilando salvajemente a todos los hombres. Ante la sorpresa de no hallar más que un par de monedas de cobre, y unas pobres cargas de arroz, estos sucumbieron a su vez ante el guarda de la corte de Japón, experto en artes de defensa.
La encomienda, una prenda de seda finísima, ahora expuesta en la cubierta de la nave, se elevaba en sus esquinas por el fuerte viento glaciar de la época. Allí, a la luz de un par de estrellas en una noche desprovista de luna, entre la niebla, rodeada de cuerpos inertes y chorros de sangre parecía intacta. Tan solo una pequeña gota desapercibida, alcanzó uno de sus pliegues centrales, en el bordado del sol carmesí más pequeño de todos. El guarda continuó la ruta marítima invernal y terrible, hasta entregar el paquete a su destino. Sin piedad fue sometido a tortura por la demora en su cometido. A las 4 a.m. del día previsto, el general de las fuerzas bélicas de Japón se dirigió al frente, impetuoso, gallardo, imponente para liderar la batalla contra China. Radiante y poderoso, atravesó fila tras fila para llegar al primer escuadrón. No alcanzó a llegar al frente, el sable plata de un traidor, lo atravesó silencioso. Su kimono rojo y negro bordado de soles y de halcones, se tiñó de rojo intenso, dejando escapar a borbotones su vida, justo a través del bordado del pequeño sol carmesí.
Paola




