22 nov 2022

Dinámica N°1: Kimono


Me pregunto si hablamos del kimono tal y como hablan los japoneses. Lo pienso porque kimono pobremente significa «prenda de vestir». Recuerdo haber leído sobre el Corán. Preciso: en ninguna de sus páginas aparece la palabra «camello». Tal vez los japoneses creen el kimono tiene el mismo valor que mirar la luna o respirar. Quizá los japoneses nos perciben igual de misteriosos y lejanos. En tal caso, el tenedor, por ejemplo, podría resultar para ellos una extravagancia occidental. 

Leoncio.

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El encargo estuvo listo en el tiempo previsto. Camuflado en un envoltorio de paja, salió a la madrugada de la costa de la China imperial hacia Japón en una embarcación pesquera. Entre agricultores y artesanos chinos vestidos de harapos, la encomienda iba resguardada por un único guarda de la corte real de Japón infiltrado con soborno. A mitad del trayecto, la embarcación sufrió el ataque de un par de forajidos, que desde una pequeña nave, tomaron por sorpresa al tripulante, aniquilando salvajemente a todos los hombres. Ante la sorpresa de no hallar más que un par de monedas de cobre, y unas pobres cargas de arroz, estos sucumbieron a su vez ante el guarda de la corte de Japón, experto en artes de defensa.

La encomienda, una prenda de seda finísima, ahora expuesta en la cubierta de la nave, se elevaba en sus esquinas por el fuerte viento glaciar de la época. Allí, a la luz de un par de estrellas en una noche desprovista de luna, entre la niebla, rodeada de cuerpos inertes y chorros de sangre parecía intacta. Tan solo una pequeña gota desapercibida, alcanzó uno de sus pliegues centrales, en el bordado del sol carmesí más pequeño de todos. El guarda continuó la ruta marítima invernal y terrible, hasta entregar el paquete a su destino. Sin piedad fue sometido a tortura por la demora en su cometido. A las 4 a.m. del día previsto, el general de las fuerzas bélicas de Japón se dirigió al frente, impetuoso, gallardo, imponente para liderar la batalla contra China. Radiante y poderoso, atravesó fila tras fila para llegar al primer escuadrón. No alcanzó a llegar al frente, el sable plata de un traidor, lo atravesó silencioso. Su kimono rojo y negro bordado de soles y de halcones, se tiñó de rojo intenso, dejando escapar a borbotones su vida, justo a través del bordado del pequeño sol carmesí.


Paola

Kimono




 

Faisanes







20 nov 2022

Juego de té coreano




 «Oh detente, bello instante», decía Goethe, a través de Fausto. Pienso en el intríngulis de paralizar aquello que es imperativamente móvil. ¿Será que el grabador de estos grabados, de estas aves, fue Goethe por algunos segundos? ¿Usted cree que el juego de té es el más hermoso jamás hecho? Es tan lindo. Tan triste a su vez. Triste porque me recuerda a las líneas de Pessoa. Uno quisiera que los grabados se proyectaran más allá de la taza. También pienso que la delicada loza es una jaula: inofensiva jaula para inexistentes aves. Quisiera tanto que fuera tuyo. Sé que lo cuidarías mucho. Nos imagino en Japón, jugando a que este juego de té fue el pago por reparar una ventana. 

El Sur



No es que morir nos duela tanto. Es vivir lo que más nos duele. Pero morir es algo diferente, un algo detrás de la puerta. La costumbre del pájaro de ir al Sur —antes de que los hielos lleguen acepta una mejor latitud—. Nosotros somos los pájaros que se quedan. Los temblorosos, rondando la puerta del granjero, mendigando su ocasional migaja hasta que las compasivas nieves convencen a nuestras plumas para ir a casa.


Emily Dickinson - "El viento comenzó a mecer la hierba"

 «Si las abejas clasifican las intensidades luminosas en términos de pesantez -para ellas la oscuridad es pesada y la claridad liviana- la obra del pintor, del poeta y del músico (...) deben aparecersenos, si no como forma superior de conocimiento, por lo menos como la más fundamental, la única verdaderamente común. (...) Por lo tanto, y no solo metafóricamente, tenemos el derecho de comparar, como tan a menudo se ha hecho, una ciudad con una sinfonía o con un poema: son objetos de la misma naturaleza(...)»

Claude Lévi-Strauss

Yo, de Jorge Luis Borges

       La calavera, el corazón secreto, los caminos de sangre que no veo, los túneles del sueño, ese Proteo, las vísceras, la nuca, el esque...