
Abordemos el concepto de causalidad, es decir, la relación causa-efecto, con un escrutinio riguroso. Tradicionalmente, se ha considerado a la causalidad como un principio fundamental en el análisis de sistemas. Porque al observar un sistema, la selección de elementos y eventos no es un proceso neutro. Se realiza un «recorte» dentro de la secuencia de eventos, el cual es subjetivamente condicionado por las perspectivas y prioridades del observador. Es decir, la causalidad no se manifiesta como una propiedad inherente y objetiva del sistema, sino más bien como una construcción narrativa que resulta de cómo se enmarcan y se vinculan vertiginosamente los eventos escogidos. Es dable proponer una analogía con la poesía para elucidar el fenómeno. Porque en poesía (según entiendo) las palabras son meticulosamente seleccionadas y ordenadas para conjurar significados específicos, la causalidad se revela como una estructura narrativa en la que los eventos son cuidadosamente seleccionados o vinculados para crear una interpretación coherente. Ahora, es vital entender que la diferencia máxima entre «sueño y realidad» no se limita sólo a la causa lógica de los eventos. Más allá de la causa-efecto, aquello que —consensuado— define a la realidad es que existe «per sé». Mientras que los sueños son creaciones de nuestra mente y fuera de ella no son nada o muy poco. Aunque el Sueño a menudo expone patrones de causa-efecto, no debemos confundir ni obviar esta característica: la verdadera naturaleza de lo que es verdadero.