El anochecer me embelesaba con su singularidad; oscuros colores fantasmales, dorados tonos de nostalgia se alzaban ante mí. Me sentía como si fuera ciego y ya no captara lo bello, me sentía tan extraño, con el corazón tan frío, y sin embargo tan a gusto, tan complacido. Miraba atento a todas partes, para divisar detrás y al lado de los objetos cosas nuevas e inéditas. Los colores del crepúsculo resonaban como una inocente, dulce, temerosa canción de despedida, y me sentía capaz de ver los tonos y escuchar el sonido de los colores.
Robert Walser - "Sueños"

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