No es que morir nos duela tanto. Es vivir lo que más nos duele. Pero morir es algo diferente, un algo detrás de la puerta. La costumbre del pájaro de ir al Sur —antes de que los hielos lleguen acepta una mejor latitud—. Nosotros somos los pájaros que se quedan. Los temblorosos, rondando la puerta del granjero, mendigando su ocasional migaja hasta que las compasivas nieves convencen a nuestras plumas para ir a casa.
Emily Dickinson - "El viento comenzó a mecer la hierba"

Este texto es impresionante. No lo conocía. Esa diferencia existe tan solo por el apego, y por el hambre o la extrema fragilidad. Lo sé porque alimento aves. Lo terrible es la conclusión. Encuentro en esas palabras finales algo bellísimo, y es la aceptación de lo que es, de la nieve cayendo, y puesto que no se fueron con la bandada a su transitorio hogar buscando refugio del frío, ahora marchan a su hogar definitivo: llevadas por la nieve a...
ResponderEliminarQuiero ver el juego de té.
ResponderEliminarAlguna vez frente a un shōji y una mesa bajita, en Tokio o en algún pueblito viejo, engalanados con kimonos tomaremos un té, mientras bambúes -casi silenciosos- se doblegan alegres entre el viento, y los pájaros cantan en una tarde anaranjada y tibia.