Pero mientras bajaba la colina, una tristeza le vino, y pensó en su corazón: ¿Cómo puedo irme en paz y sin pena? No, no sin herida en el espíritu me iré de esta ciudad. Largos fueron los días de dolor que he pasado dentro de sus murallas, y largas las noches de soledad; y, ¿quién puede salir de su dolor y soledad sin remordimiento? Demasiados fragmentos del espíritu he desparramado en estas calles, y demasiados son los hijos de mi anhelo que andan desnudos por estas colinas, y no me puedo retirar de ellos sin una carga y un dolor. No es una prenda de la que me deshago hoy, sino una piel que rasgo con las propias manos. Tampoco es un pensamiento que dejo detrás, sino un corazón hecho dulce por hambre y sed. Pero ya no puedo demorarme. El mar que llama a todos a regresar a sí mismo me llama, y tengo que embarcar.
Kahlil Gibran - "El profeta"

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