Sí, es muy rara. Aunque no sé muy bien quién es la «visita». Intuyo que el de negro, aquel que está sentado. ¿Usted qué cree? Los demás no parecen anfitriones, por la actitud, digo. Porque por la vestimenta parecen gente adinerada. Excepto justamente la mujer que le presta más atención. Parece que fuera la sirvienta. Y es la más contenta con la presencia del visitante.
Hay detalles, vea ¿eso de atrás es una chimenea? Pero el material parece extraño. ¿El bolso dejado en el suelo? ¿El visitante -creo es el que dice usted- hasta ahora lo noto ¿tiene una kipá? No creo que la sirvienta se pueda sentar de ese modo en la mesa del comedor. Se juega muy bien el claroscuro, pero allí está precisamente lo extraño. Me parece que la luz resalta demasiado algunas cosas y permite una obscuridad y sombras extrañas...
Sí, viendo mejor el cuadro, tiene razón. Me dejé seducir por los colores, no tanto por las posturas. La mujer de rojo está erguida y recta, tensa y protocolar, sumisa, propia de la servidumbre. Los elementos de atrás los ignoro completamente. Hay tantos utensilios que no lograron ser transmitidos de una generación a otra. No sé qué podrían ser. El sujeto de blanco parece ser dueño y anfitrión. No tanto por la vestimenta, que parece ostentosa y cara, sino por el retrato poco evidente qué hay en el rincón: parece que es él. Sobre las sombras, diré que sí son extrañas, la forma en el piso es amorfa, difusa, pero muy oscura, no sé si sería fiel a la realidad, quizá es un error, quizá el pintor no supo trabajarla. Investigaré sobre ese objeto raro qué hay atrás. 💙
Ya sé por qué la sombra no encaja en el cuadro, porque no es una sombra, sino un animal. Es un ¿gato o un perro negro? Claro, es que la imagen no posee tanta resolución. Era otro elemento en la pintura, no un error del pintor.
Sí, es muy rara. Aunque no sé muy bien quién es la «visita». Intuyo que el de negro, aquel que está sentado. ¿Usted qué cree? Los demás no parecen anfitriones, por la actitud, digo. Porque por la vestimenta parecen gente adinerada. Excepto justamente la mujer que le presta más atención. Parece que fuera la sirvienta. Y es la más contenta con la presencia del visitante.
ResponderEliminarHay detalles, vea ¿eso de atrás es una chimenea? Pero el material parece extraño. ¿El bolso dejado en el suelo? ¿El visitante -creo es el que dice usted- hasta ahora lo noto ¿tiene una kipá? No creo que la sirvienta se pueda sentar de ese modo en la mesa del comedor. Se juega muy bien el claroscuro, pero allí está precisamente lo extraño. Me parece que la luz resalta demasiado algunas cosas y permite una obscuridad y sombras extrañas...
ResponderEliminarSí, viendo mejor el cuadro, tiene razón. Me dejé seducir por los colores, no tanto por las posturas. La mujer de rojo está erguida y recta, tensa y protocolar, sumisa, propia de la servidumbre. Los elementos de atrás los ignoro completamente. Hay tantos utensilios que no lograron ser transmitidos de una generación a otra. No sé qué podrían ser. El sujeto de blanco parece ser dueño y anfitrión. No tanto por la vestimenta, que parece ostentosa y cara, sino por el retrato poco evidente qué hay en el rincón: parece que es él. Sobre las sombras, diré que sí son extrañas, la forma en el piso es amorfa, difusa, pero muy oscura, no sé si sería fiel a la realidad, quizá es un error, quizá el pintor no supo trabajarla. Investigaré sobre ese objeto raro qué hay atrás. 💙
ResponderEliminarYa sé por qué la sombra no encaja en el cuadro, porque no es una sombra, sino un animal. Es un ¿gato o un perro negro? Claro, es que la imagen no posee tanta resolución. Era otro elemento en la pintura, no un error del pintor.
ResponderEliminarSi, muy buen análisis...
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