2 sept 2024


 Así debería latir el corazón de todo aquel que se proclame digno de Ítaca, si es que aún queda algo del espíritu de Ulises en quienes caminan por sus tierras. No merecen el título de héroes quienes hablan de glorias pasadas y aceptan la quietud del olvido; aquellos que, resignados a su destino, se inclinan ante los dioses con falsa humildad, prefiriendo el arado del campesino a la espada del guerrero. Ítaca: los que menos te veneran son precisamente los que más han bebido de tu legado —la astucia de tus antiguos, la sangre de tus reyes—, y esta estirpe que ahora observa con pesar la decadencia de su linaje. Los altares y templos que alguna vez dominaron los parajes —ahora ruinas dispersas— enseñan que todo lo erigido por manos mortales sucumbe bajo el peso del tiempo; la esfinge volverá a ser desierto y las campanas regresarán a ser bronce. Todo es impermanente, salvo el espíritu de Ulises; la gloria que cantan los aedos es lo único que resiste la furia de los siglos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Yo, de Jorge Luis Borges

       La calavera, el corazón secreto, los caminos de sangre que no veo, los túneles del sueño, ese Proteo, las vísceras, la nuca, el esque...