19 nov 2022

«El mar, me acuerdo, tenía tonalidades de sombra, de mezcla con fugas onduladas de vaga luz -y era todo misterioso como una idea triste en un momento de alegría, profético no sé de qué. Yo no partí de un puerto conocido. Ni sé hoy qué puerto era, porque todavía no he estado allí. Tampoco, igualmente, el propósito ritual de mi viaje era ir en demanda de puertos inexistentes -puertos que fuesen tan sólo entrar-hacia-puertos; ensenadas olvidadas de ríos, estrechos entre ciudades irreprensiblemente irreales (...) Partí yo? Yo no os juraría que partí. Me encontré en otras partes, en otros puertos, pasé por ciudades que no eran aquélla, aunque ni aquélla ni ésas fueran ciudades ningunas (...) fui yo quien partió y no el paisaje, que fui yo quien visitó otras tierras y no ellas las que me visitaron». 

F. P.



4 comentarios:


  1. «¿Quién es el mar?». Se preguntaba Borges. «¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares de la tierra y es uno y muchos mares y abismo y resplandor y azar y viento?» Son tan precisos y tan distintos a su vez. ¿Cree que se habrían llevado bien? Me refiero a Borges y Pessoa. El encuentro (imaginemos) incitaría la admiración mutua, pero también una conversación llena de obstáculos. Como dos Reyes conscientes del otro, de la lejanía del otro, del poderío; si bien la distancia no provoca la paz, tampoco causa la guerra. ¿Usted lo ve así? No se me ocurre otra alegoría.

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  2. Usted dice «si bien la distancia no provoca la paz, tampoco causa la guerra» ese «causa» podría cambiarse por tampoco «impide» para mi esa grandeza depende de la personalidad que la maneje. No imagino a Pessoa consciente de esa grandeza y por tanto, no lo figuro pretendiendo imponer su criterio frente al otro. En esa conversación lo imagino calmo, diciendo lo que piensa y encontrando con alegría entre las palabras de Borges, nuevos asombros como quien ve una nueva estrella o halla una perla. En cambio a Borges lo imagino, buscando una conversación - discusión más de tipo filosófico deseando imponer, porque se encuentra frente a un competidor, no así ante Casares de quien tomaba y daba, simplemente porque se sabía superior. En cambio, imagine usted una conversación entre Pessoa y Macedonio.

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  3. Sí, creo que tiene razón. Debí escribir «impide». Me refería a que ambos Reyes serían conscientes del poderío del otro. Aunque suena incoherente que no fueran consciente de su propia grandeza. No se llegaba a ser rey sin sentirse uno. Por eso creo que Borges y Pessoa no conversarían fluidamente. Borges intentaría saquear todo lo de baño. Pessoa conversando «al vuelo». Ignoraría el hurto. Y tampoco le interesaría el hurto. Creo que Pessoa y Macedonio divagarían horas y horas juntos. El estilo. El infantilismo. Serían como dos niños jugando en la arena.

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  4. ♡ si como niños construyendo castillos de arena y buscando caracoles y conchitas marinas

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